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Mi nombre es Evelyne Sincere. Nací en el barrio popular Grand Ravine en Puerto Príncipe. Solo tenía 22 años cuando bandidos me secuestraron, golpearon, humillaron y mataron, luego me llevaron el cuerpo desnudo en un barril y lo dejaron en un basurero al borde de la carretera. Yo estaba en la larga lista de víctimas de la inseguridad en Haití, y de una situación social infernal para las jóvenes mujeres de este país que tienen que enfrentar diariamente la violencia extrema en los barrios pobres.

Mis secuestradores muy confiados, llevando a cabo sus operativos sin preocuparse, exigieron la fabulosa suma de cien mil dólares por mi liberación, mientras yo estaba cautivo en una casa en un barrio popular controlado por los bandidos que pertenecen al grupo G9 (coalición de bandas que controlan el noreste de la capital haitiana).

Vengo de una familia muy pobre con una madre cabeza de familia, lamentablemente arrastrada por el terremoto del 12 de enero de 2010, que mató a más de 300.000 personas. Mi hermana desempleada y mi padre, que venden litros de agua por las calles de Puerto Príncipe, no podían satisfacer las demandas de mis secuestradores. Después de unos días de negociaciones, tres días después de mi secuestro, mis familiares llegaron recaudando el equivalente a solo 300 dólares, y mi hermana les rogó a mis captores que me salvaran la vida. Insatisfechos con el trato, los bandidos me obligaron a beber veneno, me estrangularon, me asfixiaron y arrojaron mi cuerpo sobre un montón de basura el 1 de noviembre de 2020.

La situación económica de Haití es extremadamente precaria. Mis parientes, en particular, apenas podían pagar la matrícula escolar. Fue un gran orgullo para ellos que yo pueda llegar a las notas finales. Los bandidos en cambio están acostumbrados a grandes sumas de dinero, y en el equilibrio entre su codicia y avidez, mi vida era tan insignificante como los 300 dólares ofrecidos por mi familia … querían deshacerse de mí lo antes posible, porque necesitaban espacio para secuestrar a otras víctimas.

Desde hace algún tiempo, Port-au-Prince se considera un cementerio al aire libre. Escuché sobre el doble asesinato de los jóvenes bailarines Sébastien y Nancy, escuché también del fallecimiento del presidente del Colegio de Abogados de Puerto Príncipe, Monferrier Dorval, y también pel asesinato del estudiante Grégory Saint-Hilaire. No creí que mi turno llegaría tan pronto … Tenía tantos sueños …

No solo me mataron. También mataron la esperanza de que mis esfuerzos en la escuela inspiraran a mi familia algún día para poder sacarlos de la pobreza extrema. También silenciaron el sueño que me hervía de un día poder asistir a una escuela de periodismo y convertirme en un periodista, evaporaron el privilegio que yo tenía de recibir los resultados de mi examen de bachillerato después de tanto esfuerzo y sacrificios para llegar allí. Pero un sueño no se puede matar. Hay tantas otras Evelyne Sincere que lograrán salir de esta violencia en los barrios. Muchas pasarán por las grietas de la inseguridad y el caos que asola al país y que hacen de Haití un infierno. Y mis sueños se harán realidad a través de ellas …

Joseph LEANDRE

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